Elegir el seguro del coche suele reducirse, para muchos conductores, a comparar el precio final de dos o tres presupuestos. Pero antes de mirar el precio conviene entender bien qué cubre cada modalidad, porque la diferencia entre ellas puede suponer miles de euros el día que realmente necesites usarlo.
Terceros básico: el mínimo legal obligatorio
Es la modalidad más económica y la única exigida por ley en España. Cubre exclusivamente los daños que tú causes a terceros (otro vehículo, una propiedad, o lesiones a otras personas), pero no cubre absolutamente nada de tu propio coche, ni siquiera si el accidente es responsabilidad tuya.
Tiene sentido si: tu coche tiene un valor de mercado bajo (habitualmente por debajo de los 3.000-4.000 €, como referencia orientativa) y asumir tú mismo el coste de una reparación o la pérdida total del vehículo no supone un problema económico grave.
Terceros ampliado: el punto intermedio
Añade a la cobertura básica algunas garantías adicionales sin llegar a la protección completa: habitualmente incluye lunas, incendio, robo y, en muchas pólizas, asistencia en carretera. No cubre, sin embargo, los daños propios en caso de accidente si la culpa es tuya.
Tiene sentido si: tienes un coche de valor medio y quieres protección frente a los siniestros más habituales y costosos (robo, rotura de luna) sin pagar el sobrecoste de una cobertura completa de daños propios.
Todo riesgo: la cobertura completa
Cubre, además de todo lo anterior, los daños de tu propio coche en caso de accidente, aunque la culpa sea tuya. Existen dos variantes habituales: todo riesgo con franquicia (pagas una cantidad fija en caso de siniestro, y a cambio el seguro es más económico) y todo riesgo sin franquicia (cobertura completa sin coste adicional en caso de siniestro, pero con una prima anual más alta).
Tiene sentido si: tu coche tiene un valor considerable, es relativamente nuevo, o simplemente prefieres la tranquilidad de no tener que asumir ningún coste inesperado en caso de accidente, aunque la prima anual sea más alta.
El error más común: elegir solo por precio
Muchos conductores comparan pólizas fijándose únicamente en el precio final, sin reparar en detalles que pueden marcar una diferencia real el día de un siniestro: el importe de la franquicia, si incluye coche de sustitución mientras el tuyo está en el taller, si cubre conductores no habituales, o si existen carencias (periodos iniciales sin cobertura completa) en según qué garantías.
Cómo decidir
- Si tu coche vale poco y priorizas el precio mínimo: terceros básico.
- Si quieres protección frente a robo e incendio sin pagar por daños propios: terceros ampliado.
- Si tu coche es reciente, de valor considerable, o simplemente prefieres no asumir ningún riesgo económico: todo riesgo, valorando bien si te compensa la franquicia frente a una prima más alta sin ella.
Como en cualquier decisión de este tipo, no hay una respuesta universal: depende del valor de tu coche, de tu situación económica y de cuánta incertidumbre estés dispuesto a asumir a cambio de pagar menos cada año.



