El sistema de refrigeración mantiene el motor dentro de su rango de temperatura óptimo de funcionamiento, y una fuga en cualquiera de sus componentes, si se ignora, puede terminar provocando una de las averías más costosas que puede sufrir un motor: el sobrecalentamiento y sus consecuencias.
Cómo detectar una fuga antes de que sea grave
Mancha de color bajo el coche. El refrigerante suele tener un color característico (verde, rosa, naranja o azul, según el fabricante y el tipo de líquido) que lo diferencia fácilmente de una fuga de aceite, generalmente marrón oscuro, o de agua de la condensación del aire acondicionado, transparente. Si encuentras una mancha de color bajo el coche tras estar aparcado, es una señal clara de fuga.
Nivel de refrigerante que baja de forma recurrente. Todos los coches tienen un depósito de expansión translúcido con marcas de nivel mínimo y máximo. Si notas que necesitas rellenarlo con cierta frecuencia sin que exista una explicación (como una reparación reciente del sistema), hay una fuga en algún punto del circuito.
Olor dulzón característico, especialmente perceptible con el motor en marcha o recién apagado, típico del etilenglicol presente en la mayoría de refrigerantes.
Testigo de temperatura del motor que sube más de lo habitual, aunque no llegue a encenderse en rojo. Es una señal temprana de que el sistema está perdiendo eficacia, antes incluso de que aparezca una fuga visible.
Dónde suelen originarse las fugas
- Manguitos del sistema de refrigeración: con el tiempo, el calor y la presión hacen que el caucho se agriete o se reseque, siendo la causa más habitual de fuga, especialmente en coches con cierto kilometraje.
- Radiador: puede desarrollar pequeñas perforaciones por corrosión interna o por el impacto de piedras y objetos proyectados desde la carretera.
- Bomba de agua: su sello interno puede empezar a fallar con el desgaste, provocando una fuga lenta que a menudo pasa desapercibida hasta que se agrava.
- Junta de culata dañada: es la causa más seria de todas. Puede provocar tanto pérdida de refrigerante como su mezcla con el aceite del motor, reconocible por un aspecto lechoso o espumoso en el aceite, y suele acompañarse de humo blanco denso por el escape.
Qué hacer si detectas una fuga
Si el nivel de refrigerante es bajo pero el testigo de temperatura no está encendido, puedes rellenar el depósito con el tipo de refrigerante recomendado por el fabricante (nunca mezcles tipos distintos de refrigerante) y programar una revisión en los próximos días para localizar el origen de la fuga. Si el testigo de temperatura se enciende mientras conduces, la recomendación cambia por completo: detén el coche en un lugar seguro, apaga el motor y espera a que se enfríe antes de comprobar nada, ya que abrir el sistema de refrigeración en caliente puede causar quemaduras graves por la presión y la temperatura del líquido.
Por qué no conviene ignorarlo
Un motor que se sobrecalienta de forma repetida por una fuga no atendida corre el riesgo de sufrir daños graves y costosos, como la deformación de la culata o, en el peor de los casos, el gripaje completo del motor. Frente a esa posibilidad, revisar y reparar una fuga de refrigerante a tiempo es, casi siempre, una de las intervenciones de mantenimiento más rentables que puedes hacer.



