Los coches eléctricos eliminan buena parte de las averías mecánicas clásicas asociadas a motores de combustión, pero eso no significa que estén libres de problemas. Sus puntos débiles son distintos, y conviene conocerlos antes de comprar uno o si ya eres propietario.

Degradación de la batería

Es, con diferencia, la preocupación más habitual entre propietarios y compradores potenciales. Todas las baterías de iones de litio pierden capacidad con el paso del tiempo y los ciclos de carga, de forma similar (aunque mucho más lenta) a como lo hace la batería de un teléfono móvil.

Cómo minimizar la degradación:

La mayoría de fabricantes ofrecen hoy garantías específicas de batería de 8 años o más, un dato importante a comprobar si compras de segunda mano.

Fallos de software y sistema de infoentretenimiento

Al depender en gran medida de sistemas electrónicos complejos, los eléctricos son especialmente sensibles a errores de software: pantallas que se congelan, sistemas de navegación que fallan, o funciones de asistencia a la conducción que se desactivan de forma inesperada.

Qué hacer: mantener el software del coche actualizado a la última versión disponible (muchos fabricantes permiten actualizaciones por conexión inalámbrica) suele resolver buena parte de estos problemas, que en muchos casos no son averías físicas sino simples errores de programación.

Problemas en el sistema de carga

Los fallos relacionados con la carga —ya sea en el propio coche o en el cargador doméstico o público— son otra fuente habitual de quejas.

Síntomas a vigilar:

En muchos casos, el problema no está en el coche sino en el punto de carga utilizado, por lo que antes de acudir al taller conviene probar con otro cargador para descartar esa posibilidad.

Gestión térmica de la batería

Las temperaturas extremas, tanto el calor intenso como el frío severo, afectan al rendimiento de la batería y, en menor medida, a su degradación a largo plazo. La mayoría de coches eléctricos modernos incorporan sistemas de climatización específicos para la batería que mitigan este efecto, pero conviene saber que la autonomía real puede variar de forma notable entre verano e invierno, algo que no es una avería sino una característica esperable de la tecnología.

En resumen

Los eléctricos cambian el tipo de problema, no lo eliminan. Frente al riesgo de averías mecánicas graves de los motores de combustión, los eléctricos trasladan el foco de atención a la salud de la batería y a la fiabilidad del software, dos aspectos que conviene vigilar con la misma atención que antes dedicábamos al aceite del motor o a la correa de distribución.